El gobierno chino modifica la normativa para frenar la práctica de almacenar restos en viviendas, una respuesta a los altos precios de las tumbas y el colapso del mercado inmobiliario.
En China, una singular práctica funeraria ha ganado terreno en los últimos años: el uso de viviendas residenciales, a menudo en zonas periféricas con precios a la baja, para almacenar las cenizas de los difuntos. Estos llamados “apartamentos de cenizas” surgieron como alternativa ante los costos exorbitantes de las tumbas en cementerios tradicionales y los contratos de arrendamiento más cortos para estos espacios.
Ante esta tendencia, las autoridades de Pekín han decidido intervenir. La nueva regulación sobre gestión funeraria prohíbe específicamente “el uso de viviendas residenciales exclusivamente para la conservación de las cenizas”. La medida busca ordenar un mercado funerario bajo presión por el envejecimiento poblacional y la disparidad de precios.
La crisis tiene múltiples facetas. Por un lado, el costo de una tumba en el cementerio de Changping Tianshou en Pekín puede oscilar entre los 1.400 y los 29.000 dólares. Por otro, los contratos para estos espacios suelen tener una vigencia de solo 20 años, mientras que los derechos de usufructo para viviendas residenciales se extienden por 70 años.
El contexto demográfico agrava la situación. China experimenta uno de los envejecimientos poblacionales más rápidos de la historia. En 2025, el número de decesos alcanzó los 11,3 millones, superando ampliamente los 7,9 millones de nacimientos registrados el año pasado. Despedir a los seres queridos se ha convertido en un gasto significativo; un estudio global de 2020 citado por el Financial Times situó a China con los segundos gastos funerarios promedio más altos del mundo, equivalentes a casi la mitad del salario medio anual.
La nueva normativa se anuncia en vísperas de la Fiesta de Qingming, dedicada a honrar a los ancestros. En paralelo, el gobierno fomenta prácticas alternativas y más económicas, conocidas como “entierros ecológicos”, que incluyen esparcir cenizas en el mar o en áreas designadas, argumentando un menor impacto ambiental.