La obra de 43 kilómetros iniciada en 2026 en el sureste de Arizona pone en riesgo a especies protegidas, como el jaguar, y amenaza corredores ecológicos vitales, según advierten científicos y organizaciones conservacionistas.
En marzo de 2026, el gobierno de Estados Unidos inició la construcción de 27 millas (43,4 kilómetros) de muro fronterizo en el sureste de Arizona, específicamente en el Valle de San Rafael, con un contrato valorado en 300 millones de dólares. En la zona, de alta importancia ecológica, ya se están instalando barreras de acero de 30 pies (9,1 metros) de altura.
La principal preocupación de los conservacionistas se centra en el jaguar, una especie protegida por la Ley de Especies en Peligro de Extinción. En el sur de Arizona solo existen cinco ejemplares documentados desde 2011. Los expertos advierten que, si el muro cierra este corredor definitivamente, el jaguar podría desaparecer por completo del territorio estadounidense, al quedar aislado de las poblaciones en México. Este felino necesita amplios territorios para cazar y reproducirse, algo que la barrera impediría de forma física y permanente.
Un estudio de la organización Sky Island Alliance, basado en cámaras de movimiento, estima que la obra reducirá los cruces de fauna en un 86%. Además de los jaguares, otras especies como pumas, coyotes y jabalíes dependen de este paso para sobrevivir. La situación se agrava porque el 95% de Arizona enfrenta condiciones de sequía, lo que obliga a los animales a recorrer grandes distancias para encontrar agua. Sin acceso a estos corredores, las poblaciones enfrentan riesgos de colapso genético y muerte por deshidratación.
La justificación oficial de la administración estadounidense para la construcción es la necesidad de detener los cruces ilegales en el sector de Tucson. Sin embargo, datos de monitoreo en el Valle de San Rafael, obtenidos mediante 60 cámaras instaladas por científicos, indican que menos del 1% de los movimientos detectados corresponden a humanos. De ese porcentaje, más de la mitad son cazadores legales y no personas que intentan ingresar al país de forma irregular.
La construcción también amenaza la estabilidad económica de comunidades locales que dependen del ecoturismo. En el condado de Santa Cruz, el turismo de naturaleza y las actividades de conservación generaron 36 millones de dólares durante 2019. Residentes y guías temen que la destrucción del paisaje y la pérdida de biodiversidad alejen a los visitantes que sostienen la economía regional.
La barrera física, además de obstaculizar el movimiento de animales grandes, altera el flujo de sedimentos y agua durante las temporadas de monzones. El ecologista Michael Bogan, de la Universidad de Arizona, explica que el muro puede actuar como un dique que acumula escombros y asfixia la vida acuática río abajo. Especies como el pez Gila topminnow, ya en peligro, perderían su capacidad de repoblar las cuencas en el lado estadounidense tras las crecidas estacionales.
Aunque la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) afirma que los diseños incluyen puertas de inundación para permitir el paso del agua, científicos consideran estas medidas insuficientes para los caudales del desierto. Mientras tanto, organizaciones civiles mantienen jornadas de monitoreo y protestas en sitios históricos como el pueblo fantasma de Lochiel, donde ya comenzaron los trabajos.